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30.12.08

¿Verdaderos o Falsos?

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20 años escuchando relatos... entre los miles que he escuchado hay dos que... como han pasado tantos años, ahora no recuerdo si son verdaderos o falsos.

¿Cuál es tu opinión?






Había cogido obsesión por los comercios que vendían comidas preparadas. Normalmente compraba cosas que pudieran comerse mientras ibas andando o en el coche, como croquetas, empanadas, tortillas, carne o pescado empanado… pero un día me “enamoré” de unas albóndigas en salsa de tomate. Y las compré, como no, cuando se te mete en la cabeza una cosa, no hay manera de librarse ella hasta que no la tienes dentro.
El caso es que me encontré andando por la calle y preguntándome cómo me iba a comer unas albóndigas en salsa de tomate, allí en la calle. No tenía nada, ni tenedores ni cuchillos, nada. Una maleta llena zapatos de un solo pié y papeles. Y una bolsa que contenía una bandeja de albóndigas con tomate, todo ello muy compactado porque acababa de salir del refrigerador.

Se me ocurrió entrar en un bloque de pisos, y comérmelo allí escondido en un rellano. Aproveché un vecino que entrada, para colarme en el edificio.

Me agazapé detrás de la escalera, y me di cuenta que solo había solucionado el primer problema, tenía un sitio, pero no tenía utensilios para comerlo, por más que buscaba no encontraba nada para comerlo, con las manos…. Uf… es que luego como las limpiaba, (olvidé decir al principio que iba con un traje, una camisa blanca y una corbata) Ya había decidido que la corbata serviría de servilleta, pero… ¿cómo comer las albóndigas y la salsa de tomate?

Entonces se me ocurrió abrir mi billetera y buscar una tarjeta de crédito…. Bueno… me servía para arrastrar la albóndiga con el tomate hasta acorralarla en un ángulo de la bandeja y hacer de todo para que entrara finalmente.

El problema es que una niña oyó un ruido raro. Vio sombras… y se asustó, yo estaba escondido, allí detrás de la escalera, sin decir ni nada… cuando subió al ascensor… pensé que había pasado el peligro y seguí haciendo filigranas para acabar el plato.
La niña se lo dijo a su madre, y la madre llamó a la policía.

Me imagino (una y otra vez), la misma dificultad mía para explicar a los policías qué estaba haciendo allí, como el policía explicando a través de la radio qué había ocurrido… me imagino algo así “localizado un hombre de mediana edad, escondido detrás de la escalera de vecinos, comiendo albóndigas… con una tarjeta de crédito como tenedor… se puso nervioso y se volcó la bandeja de albóndigas encima de su camisa. No nos sabe explicar exactamente por qué estaba allí, y no en un bar, que es el sitio donde se come… “

Pasé la vergüenza más cruel de mi vida, salir del edificio escoltado por la policía, ver un montón de gente murmurando “ era un hombre que podía ser un violador”, que además llevaba una camisa como ensangrentada… la policía les decía “tranquilícense que solo es salsa de tomate”.

La policía ni se molestó en llevarme a comisaría. No valía la pena, para ellos era un pobre hombre… un pirado… pero al final inofensivo… me dieron la maleta con los zapatos de un solo pié, los pedidos del día… y me fui…. y cuando me quedé solo me miré… y me pregunté cómo se puede llegar tan abajo…




El caso es que por un cambio de horarios en el trabajo de mi esposa, debí encargarme de ir a recoger a mi hijo de la escuela y volver juntos a casa…

Llegaba a casa por la tarde, preparaba el bocadillo del niño, lo iba a buscar, nos sentábamos en un parque y mientras lo comía yo le preguntaba lo que normalmente preguntamos a nuestros hijos cuando salen de la escuela.

Un día aparecí sin bocadillo, lo había desenvuelto para no se qué, y primero comí un bocadito, luego otro, y al final desapareció. Así que tuvimos que buscar un bar y hacer que le prepararan un bocadillo. Así cada tarde. No había día que lograra aparecer delante de mi hijo con su bocadillo en mi mano. Hice de todo, llegaba a casa y antes de salir me comía un bocadillo, y luego cogía el de mi hijo…. era inútil, no podía llegar a la escuela con el bocadillo.

Así que se me ocurrió la gran idea… pensé “si dejo todo el dinero en casa, no tendré el valor de comerme el bocadillo de mi hijo…” lo hice, salí de casa con el bocadillo de mi hijo, y sin un duro en el bolsillo… pero fue inútil, aparecí sin bocadillo y sin dinero para comprarle uno.

Al final mi hijo no merendaba hasta llegar a casa, que es cuando le preparaba un nuevo bocadillo y podía, por fin, comérselo. Mi hijo se quejaba, reclamaba lo que era suyo… y lo que era suyo cada día tardaba más en llegar…. llegaba a casa hambriento, casi suplicándome el bocadillo.

Como tenía tanta hambre, comía muy deprisa y mucha cantidad… lo que hizo que no cenara… su madre hacía la cena… y el niño no quería comer, decía que no tenía hambre… normal… el bocadillo de las 5 se lo comía a las 7.

Mi esposa se ponía nerviosa, porque intentaba que nuestro hijo tuviera una alimentación sana y equilibrada, y quería que cenara correctamente. Pero nuestro hijo tenía muy poca hambre a esas horas… un día mi esposa se puso nerviosa porque no quería terminarse el plato de verdura… y le dio un bofetón.

Un bofetón que lo oí dentro de lo más profundo de mi ser… salí del comedor, fui a una habitación y me puse a llorar… mientras me preguntaba “¿cómo he podido llegar hasta este extremo?”



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4 comentarios:

siempreadieta dijo...

La verdad es que no me atrevo a responder... ambos relatos muestran situaciones extremas (sobre todo el segundo). Personalmente, me resulta más fácil pensar que el único verdadero es el primero, me podría haber llegado a ver en una situación parecida... En cuanto al segundo, sí que me resulta más duro pensar que sea cierto, pero a veces la relación de una persona con la comida es así de complicada y violenta.

De todos modos, feliz 2009!

Anónimo dijo...

Bueno desconozco cual de las dos son ciertas, quizas mas bien sean ciertas las dos. La del niño y su merienda me ha impactado muchisimo, se me ha puesto la carne de gallina. La historia del niño es real como la vida misma, es un vivo ejemplo de a donde nos puede llevar la ansiedad. Eso mismo en otro grado me ha pasado a mi preparando la cena de mis hijas, a veces pico un poco claro que ellas no se quedan sin cenar porque hay mas. Creo que en esta historia todas las personas que tengan oportunidad de leerla quedaran reflejadas en ella.
Adelante con este blog y estas historias que dan tanto que pensar y nos hacen reflexionar.

Un beso y feliz 2009
SUSANA
www.obesos.eu

Miguel dijo...

Perfectamente las dos pueden ser totalmente ciertas. Como el alcoholico busca su copa, el drogadicto su dosis mortal o el jugador su máquina favorable, el obeso extremo busca a toda costa su dosis de comida. En la gran mayoría de las ocasiones sin hambre, simplemente por saciar esa parte del celebro que le cambia la razón por la sinrazón, el sentido común por el disloque. A pesar de la vergüenza agena que puede suponer la primera historia, y la crudeza de la segunda, esto sin duda pasa cada día a miles de personas desgraciadamente.La obesidad llega sin duda alguna a un punto, en que levantarse a las 4 de la mañana con ánimo de atracar la nevera, significa que estás preparado para dar el siguiente salto, comer albondigas a escondidas con una tarjeta de crédito o comerte la merienda de quien más puedes querer. Ojalá aprendamos todos de estas, para mi, verdades.
Miguel Muñoz

Anónimo dijo...

lo del papa que se come el bocata del niño, es de juzgado de guardia, suena incluso a maltrato infantil, de ser verdad, que espero no lo fuera, el padre podria se acusado de maltrato. Y lo de la targeta, ... bueno hay gente capaz de todo con tal de comer...¡¡¡