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13.5.09

Teoría de las adicciones



Toda conducta que se realiza para substituir una carencia, se considera una adicción.  

Cuando una persona es adicta a excederse en algo, más que satisfacción busca el reducir un malestar interno. Le está dando un protagonismo a “algo” (alcohol, juego, comida, drogas) que es un sustitutivo artificial de otro “algo” más profundo.  

Todo intento de evita/ignorar  este segundo “algo”, acaba en un episodio de síndrome de abstinencia, o recaída, en el  que cada vez que se sucumbe, y se vuelve a empezar, se reinicia con más fruición, con más desespero.  El tabaco adquiere un protagonismo mucho más allá del “pitillo del mediodía”.  El juego va mucho más allá del objetivo de  conseguir un premio.  Y la adicción a la comida va mucho más a allá del “darte un capricho”.


La ingesta compulsiva.  Una forma de adicción

Comer por ocio o placer es una conducta que se pierde en la noche de los tiempos. Sin embargo, a partir de la industrialización de la alimentación, la comida rápida, la ansiedad, y el estrés, ha surgido un nuevo problema: la dependencia de la comida, como elemento catalizador de los principales estados de ánimo, positivos o negativos. Se trata de un trastorno que recibe el nombre ingesta compulsiva.

Este trastorno se caracteriza porque la persona no es capaz de controlar sus impulsos con la comida, lo que le a acarrea una serie de graves consecuencias en la salud y en las esferas personal, familiar, profesional y social. Viene a ser, por tanto, un trastorno progresivo, que podríamos caracterizar por

a) una ocasional o continuada pérdida de control sobre los alimentos,

b) una exagerada preocupación por la comida y por tenerla cerca,

c) pensamiento irracional sobre la comida,

d) que continúa haciendo la conducta, a pesar de sus adversas consecuencias.

 

 

El  poder adictivo de la comida

 

Las personas no sólo comemos para saciar nuestro apetito. También se puede engullir por puro placer y con demasiada frecuencia para canalizar tensiones emocionales.

El problema es que "aprendemos" a gratificarnos engullendo. Es decir, nos hemos vuelto adictos a la necesidad de sentir el estómago lleno, el problema, como en todas las adicciones, es cada vez se necesita más para sentir lo mismo.

Si nos acostumbramos a comer en exceso grasas y azúcares, el organismo se hace adicto a la necesidad de sentir esta plenitud,  que cuando se intenta reducir (mediante una dieta) se experimentan auténticos síndromes de abstinencia.

Sucumbir a un síndrome de abstinencia es reforzar la adicción, es reforzar el carácter adictivo de lo que se está haciendo, que en los primeros momentos se hizo por placer, y ahora se hace adicción, nada que ver con el placer inicial.

El problema fundamental es que en la adicción a la comida no puedes decir “nunca más”.  Puedes decir “nunca más me fumo un solo cigarrillo”, “nunca más entro en una sala de juego”, porque son adicciones no vitales. Sin embargo jamás podrás decir “nunca más comeré”. Necesitas aprender a relacionarte con lo que se había convertido en tu peor enemigo y debes normalizar la relación con la comida,  puesto que la llevas totalmente descontrolada desde hace años.  


¿Tengo un problema con la comida?

      He hecho muchas dietas y  lo he recuperado todo, o más peso del inicial.

     Como deprisa, incluso sin tener hambre. 

     Me siento culpable por haber hecho con la comida abusos que no debía hacer. 

     Como a escondidas. 

     Pico entre horas sin poder evitarlo.

     Comer más cantidad de comida de la que se debe comer, sin poder evitarlo.

     Abandonar dietas al poco tiempo de haberlas iniciado, incluso después de haber pagado una importante cantidad de dinero por el tratamiento.

     No me compro ropa, siempre estoy esperando a perder unos kilos para hacerlo.

     Aplazo proyectos, citas, encuentros, es decir, no me gusto.






Indiferencia

 

A lo largo de nuestra vida nos vamos relacionando  con objetos, conductas, substancias.  Alcohol, tabaco, juego... que no nos influyen significativamente.  También podemos nombrar conductas, estímulos, prácticas, vivencias, como enamorarse, hacer deporte, ir al cine.  Digamos que mantenemos una relación normalizada con todas ellas…  jugamos a la lotería con moderación, consumimos alcohol con moderación, nos enamoramos, sin que ello nos invalide para seguir  en las otras áreas de nuestra vida.  

Todos, en mayor o menor grado, o en un determinado estado anímico, podemos caer en la tentación de sobredimensionar “algo”. 

Algo que nos era indiferente, le atribuimos una capacidad extra que hasta ese momento no le habíamos dado. Sería el paso del comer por alimentarse, al comer por comer (por ansiedad, por estrés, por hábitos… )




Ocupación

Alla actividad que solamente se hacía de vez en cuando, se convierte en sistemática.  Por ejemplo de fin de semana.  Con el paso del tiempo, cada vez se espera con más impaciencia el fin de semana, en algunas ocasiones el fin de semana ya es en viernes.  Si alguna semana no puede hacerse, no ocurre nada, la persona puede seguir con sus actividades, aunque con una cierta inquietud.  Ejemplos: comilonas de fin de semana, uso del alcohol, tabaco… drogas…

 Se presume de capacidad para controlar.  Mientras su entorno lo hace mucho más, él solamente de manera ocasional,  se tiene la ilusión de control.  


 Preocupación







 Todavía existe capacidad de espera.  La persona es capaz de aguantar hasta el momento que normalmente se produce el uso o el abuso, pero cuando se relaciona se hace con más intensidad, la repite con más interés, repite con más vehemencia para poder aguantar bien los días de espera.  En los días de espera, muestra una cierta inquietud, que hace que acuda esporádicamente al consumo “cuando no toca”. 

 Cuando no tiene cerca su objeto de deseo, se muestra irritable.  Por ejemplo: cuando en la nevera no hay toda la comida que espera consumir “cuando toque”. 


 Obsesión






 Se hace casi cada día.  O cada día.  Se hacen conductas extravagantes, de la que la persona se avergüenza (como comer alimentos en la calle).  Se come todo.  Se espera a que se termine de cenar, para “recoger” todo lo que ha sobrado. 

 La persona se ha dado cuenta que aquello ha ido demasiado lejos, intenta controlar, lo que creía tenía totalmente controlado, y se encuentra atrapado, no quiere hacerlo y lo hace. 

 Desarrolla síndromes de abstinencia, que no los ve como tales.  Empiezas las promesas de cambio. “El lunes empiezo”,  “Mañana lo dejo”.  Y también las ilusiones de compromiso “un días es un día”, “por un poco no pasa nada”.  Cada síndrome de abstinencia, o recaída), es un refuerzo a la conducta.  Si se fuman 10 cigarrillos,  si durante unos días se deja, si se vuelve a caer entonces se fuman 15 cigarrillos.  Siempre que se vuelve después de una recaída, vas más lejos. Hasta convertirse en una adicción.


Compulsión










 La persona desarrolla un especial magnetismo hacía lo que tanto odia y tanto desea simultáneamente.  Si lo tiene delante, no puede resistirse.  Las repetidas recaídas cada vez son más crueles.  Se asusta, se tiene miedo a sí mismo.  Entiendo que aquello le está haciendo daño, que ya no es un placer, que es una abierta barbaridad.  Cuando se trata de adicciones químicas, como las drogas, la alarma se da mucho antes, cuando se trata de adicciones como la comida, hay un exagerado retraso, que solamente hace que complicar mucho más la situación.  En las drogas se asume una enfermedad, y en la comida se tarda mucho más en aceptar y entender que también es una enfermedad.


Adicción











La única salida que hay es hacer un tratamiento en una unidad especializada.  Todo lo que no sea un equipo multidisciplinar, una gran motivación por parte del paciente y el necesario apoyo del entorno, conduce al fracaso.

En el caso de la alimentación, los Trastornos de Alimentación se tratan como enfermedades crónicas en centros especializados.  Si se ha llegado a la obesidad, es necesario que el tratamiento se realice en una Unidad de Obesidad, con un equipo multidisciplinar: Médicos especializados en endocrinología y nutrición, y soporte psicológico.




Conseguir un tono vital adecuado

El objetivo del ser humano es conseguir un equilibrio vital, la motivación necesaria para que no todo nos sea indiferente, y cuando conviene que nos ocupemos, nos preocupemos, e incluso en determinados momentos nos obsesionemos por conseguir algo. Siempre y cuando sepamos volver a un tono vital adecuado. Ser feliz equivale a encontrar el equilibrio necesario entre ocupación (motivación) preocupación (querer) y obsesión (luchar).











5 comentarios:

M dijo...

Muy bueno este post, lo voy a imprimir para leerlo con detenimiento.
Gracias.

sandra dijo...

veo que conoces muy , pero que muy a fondo todo el tema, lástima que no tenga más divulgación, pero aqui todos nos vemos retratados.
Lo pintas tan facil lo de caer en la comida, que casi te da miedo de ir al restaurante...
adelante, sigue sigue,no pares, sigue

AFRODITA dijo...

SAludos de una carboadicta

Pep Manel dijo...

Excelente post. Un saludo!

Astarté dijo...

Excelente, sí. Yo creía que una vez descubierto este asunto ya no podía olvidarlo, pero no. Ahora tengo que redescubrir todo lo que creí que ya sabía. Gracias por ponérmelo más fácil. Besines...!