La obesidad infantil no puede tratarse con éxito sin apoyo psicológico. Es una de las herramientas mas eficaces de dos revolucionarios programas que se aplican de forma experimental en nuestro país. En España 1 de cada 4 niños tiene sobrepeso u obesidad infantil.
Isabel era una niña más, iba al cole y sacaba buenas notas. Un día sin saber por qué empezó a ser el centro de las burlas y el desprecio de un grupo de compañeras de clase. Uno de sus peores recuerdos es el del viaje de fin de curso de sexto de primaria: no paraban de insultarla y ella callaba.
Isabel era delgada, fue entonces cuando empezó a engordar. Se encerró en su casa y hasta comía a escondidas. Perdió el interés por los estudios y se convirtió casi en otra persona. Su familia estaba desesperada. Ya ha cumplido 17 años y empieza a recuperar ilusión por el futuro. En el Hospital Niño Jesús de Madrid comparte terapia con otras chicas de su edad.
El factor emocional mueve los hilos de la obesidad. La muerte de un abuelo, la separación de los padres, problemas en el colegio... son circunstancias que pueden desencadenar el aumento de peso...En todos los casos, el apoyo psicológico es esencial para solucionarlo.
Isabel es una de las protagonistas de "Alerta: niños obesos", el reportaje de "Crónicas". Ella nos ha llevado de la mano a conocer el sufrimiento que soportan muchos niños y adolescentes.
Pero el factor emocional no es el único a tener en cuenta. Uno de cada cuatro niños españoles tiene sobrepeso u obesidad. Y va en aumento. ¿Qué es lo que ha pasado, por qué cada vez se ven en Pediatría enfermedades que antes eran sólo típicas de los adultos?.
La teoría de la buena alimentación es conocida: Cinco comidas al día, pocas grasas y ejercicio. Pero la realidad es muy diferente: el ritmo de vida actual ha arrastrado a los precocinados. Cada vez se toma menos comida casera y se abusa de alimentos calóricos tipo aperitivo o bollería. Los niños son más sedentarios, están enganchados a la tele o los videojuegos. Y esto tiene un precio: Vivir menos y peor.
Los cimientos de una vida saludable empiezan a levantarse en la infancia. Y el trabajo debe de ser constante. Es una de las cosas que hemos aprendido al hacer este reportaje: "No vale con que si al niño no le gusta la verdura le ponemos otra cosa, eso es un error". Dicen los especialistas en Nutrición que es necesario hacer el esfuerzo y volver a cocinar en casa y que si van al comedor escolar hay que preparar la cena. "Es necesario comer de todo y no siempre lo mismo, -explican-, no pasa nada por comer alguna vez una pizza o una hamburguesa pero lo que no se puede tolerar es que la alimentación sea siempre así".
Los pediatras aseguran que hasta que los niños cumplen tres años, las familias suelen cumplir a rajatabla todas las indicaciones que se les marca desde la consulta pero luego se relajan y le dan menos importancia.
Comer es tan importante como respirar y si no nos gusta respirar humo, tampoco nos debe gustar comer cualquier cosa. Lo dicen los expertos. Es necesario leer las etiquetas, aunque a veces es complicado entenderlas, pero por ejemplo, en general hay que saber que hay que evitar todo lo que contenga grasas saturadas o parcialmente hidrogenadas: las llamadas "grasas trans" que se van depositando en las venas y causan enfermedades cardiovasculares.
La Organización Mundial de la Salud ha dado la voz de alerta y existen ya varias iniciativas en la Unión Europea, como el programa Thao de prevención de la obesidad infantil que tratan de modificar los factores sociales responsables de esta evolución alarmante.
El Rimonabant, comercializado bajo el nombre de Acomplia, había creado una gran expectación. Era una substancia experimentada en laboratorio para dejar de fumar, que se vió que tenía como efecto secundario que quitaba el hambre, con lo cual, y por razones evidentes, se invirtió la tortilla, era un producto que ayudaba a adelgazar y encima podías dejar de fumar. Actualmente los únicos medicamentos autorizados para el tratamiento de la obesidad es la sibutramina (comercializado con el nombre de Reductil) y el Orlistat (Xenical). Estos medicamentos estan en el mercado desde los años 90. La aparición de este nuevo medicamento creó mucha expectación, y la ilusión de muchos millones de personas con este problema. Que se desvaneció a los pocos meses de su comercialización. En nuestro país apenas un año. Esta substancia esta prohibida. Hace pocos años viajé a un país de cuyo nombre no me quiero acordar, y que no se si aún conserva la inquietante etiqueta de "pais del eje del mal". Para viajar hasta allí tienes que firmar un papel y hacer un juramento: el papel es una renuncia a hacer cualquier reclamación a la agencia de viajes, sea por el motivo que sea. El juramento lo haces nada más llegar y es que nunca has estado en Israel, ni tienes nada que ver con el pueblo judío. El 90% del presupuesto del estado es destinado al armamento. En el 90% de las paredes de aquel país hay la foto del jefe del estado.
Durante el viaje del aeropuerto a la ciudad me sorprendió ver un gran cartel publicitario en el que se anunciaba la venta de Rimonabant. Me sorprendió sobre todo porque de este medicamento no tenía información que estuviera ya en el mercado. Me recordó aquello del top manta, que ya tienes la película en DVD antes de que se estrene.
A la que me pude librar del guía, me dirigí a la calle de las farmacias (en estas ciudades, los comercios están organizados a lo medieval, calles que agrupan gremios: la calle de las alfombras, la calle de las babuchas, la calle de los afiladores... y también la calle de las farmacias. Me encontré con una farmacia donde se vendía de todo, montones de nombres asociados al tema de perder peso. Pedí Acomplia, me trajo una caja, pero yo le dije que quería más, quería 500 cajas. Que yo las vendía por Internet. Ningún problema.
Un 40% de mujeres y un 25% de hombres confiesan utilizar distintos métodos de forma habitual "sin control médico" para disminuir su peso corporal.
Los españoles se gastan al año 2.000 millones de euros en productos "milagro".
La desesperación de muchas personas que padecen obesidad, les lleva a hacer cosas, que muchas veces saben que aquello no puede ser muy bueno, o son conscientes de que aquello, en realidad, son las anfetaminas de toda la vida. Lo que sea para perder peso.
El tema del uso de anfetaminas para adelgazar es viejo. Por lo menos, desde hace 25 años, que aparecen en las más diversas formas, siempre encubierta.
Internet es el gran dispensador de estas pastillas.
Todo por un sueño. Es una magnifica película que explica los efectos del uso de anfetaminas y otros medicamentos extraños. Se trata de una señora que necesita adelgazar desesperadamente porque, supuestamente, le han prometido que sería la estrella invitada de un programa de pérdida de peso. Esta película nos puede hacer entender lo que se puede llegar a hacer para perder peso.
La versión castiza la tenemos en esta historia:
El Coreano de San Clemente
Este personaje llegó de un país oriental, supuestamente de Corea, y se asentó en una improvisada ciudad dormitorio muy cercana a la gran capital, de esas que se les llamaron «ciudad satélite». Un lugar con nula planificación urbanística, inexistentes servicios, y todo funcionando bajo mínimos, hasta el punto de que se podía saber si llovía sin abrir la ventana, ya que a la que caían cuatro gotas, había un apagón de luz.
El Coreano, siempre sonriente, hacía toda clase de trabajos, una ocupación muy útil en una situación de precariedad de la época. Cuando llegó el boom de la acupuntura, fue él quien lo inició en la barriada. En pocos meses la mayoría de las abuelitas del lugar iban un ratito a su «consulta» en busca de alivio al reuma, a la artritis o al exceso de colesterol, y también, por qué no, a charlar un ratito.
Algunas personas le preguntaron si aquellas agujas también servían para adelgazar. Les dijo que sí, y a los pocos meses las abuelitas quedaron desplazadas por las muchas mujeres que, desesperadamente, buscaban perder peso.
Y surgió el milagro de las pastillas. De repente, el Coreano de San Clemente empezó a vender unas pastillas, sin marca, sin nombre. Unas misteriosas cápsulas (de dos colores, azul y blanco) que adelgazaban. Las únicas restricciones eran que «Usted puede comer de todo, menos pan, y beber de todo, menos vino». El frasco contenía 30 cápsulas, para todo el mes, una para cada día. Una vez a la semana ibas a hacer acupuntura, pesarte y revisar la provisión de frascos. Como digo, un milagro.
Se comía y se bebía de todo (menos pan y vino), y cada semana, 1 kg menos. Fenomenal.
La voz corrió y vinieron personas de todos lados, de fuera de la barriada, de la gran ciudad adyacente… Tanta gente, que el Coreano, al final, dejó la práctica de la acupuntura para dedicarse única y exclusivamente a la venta de sus cápsulas mágicas, y a seguir pesando a la gente en la vetusta báscula de baño de su consulta.
El fulgurante éxito le hizo disponer de 3 consultas, repartidas por los puntos más distantes y estratégicos. Siempre estaban llenas a rebosar. Mi hermano, que fue uno de sus clientes, me dijo que si no ibas muy pronto, te quedabas en la calle haciendo cola. Y algunos días, incluso sin pastillas, porque las había acabado. Ante tal éxito, los frascos también se podían comprar en algunas farmacias, especialmente del sur de España, sin receta médica, únicamente indicando en el sobre de pedido de parte de quién ibas y, por supuesto, el justificante de haber puesto el giro postal. Al final, quien más quien menos, recetaba fórmulas magistrales que se dispensaban en determinadas farmacias de cualquier punto de nuestra geografía.
Pasado un tiempo, empezó a correr el rumor de que aquellas pastillas eran un cóctel de anfetaminas y polvo de tiroides de vaca, convenientemente desecado y pasado por el molinillo de café. Las clientas asiduas a esa extraña mezcla decían que no podía ser, que una farmacia no iba a vender una cosa que no fuera legal. Y del Coreano… ¿Quién iba a dudar de ese chinito, que llevaba tantos años haciendo bien a todo el mundo?
Y resultó que era ilegal. Las autoridades sanitarias prohibieron la circulación de esas pastillas, y cerraron las farmacias que las dispensaban. También clausuraron las consultas del Coreano de San Clemente. Pero éste no se dio por vencido, y con el enorme dineral que sacó, decidió abrir una gran consulta en Barcelona. Una consulta totalmente legal, dotada de personal médico especializado. No duró ni dos meses. Su clientela, cuando vio que se trataba de un centro normal, donde se daban unas pautas dietéticas y te atendían médicos especialistas, perdió todo el interés. En conclusión, o había pastillas prohibidas y milagrosas o no había negocio, aun siendo conscientes del serio peligro que suponía tomarlas. Esto ocurrió hace unos 20 años. Muchas de las personas que consumieron estas capsulas se encuentran hoy seriamente afectadas por sus efectos secundarios, en especial problemas con la glándula tiroides.
Aun así, muchos suspiran por aquellas maravillosas pastillas, que les adelgazaban comiendo de todo menos pan, y bebiendo de todo, menos vino.
Me consta que el Coreano todavía tiene consulta, una consulta de acupuntura. Atiende abuelitas con problemas de articulaciones y reuma. Es el personaje sonriente de siempre, de una vejez indefinida, y nunca sabré si ese señor es consciente del mal que llegó a hacer. En realidad, fue una de las muchas pequeñas piezas que propagaron un gran negocio: el de hacer bajar de peso a las personas, administrando veneno.
Este negocio todavía continúa: véase internet. Cada día hay miles de personas desesperadas, dispuestas a tomarse cualquier cosa, sólo con la garantía de que van a perder peso. Importa poco el precio; basta que sea tentador. Y no importa, para nada, el riesgo de padecer secuelas en la salud para el resto de la vida.
(De mi libro, Historias de mucho peso)
No es, en absoluto, nada alarmista afirmar que el trastorno alimentario se convertirá en el mayor problema social en los próximos años.
ENTENDERLO, PARA EVITARLO
Más de un 65% de los adolescentes españoles están insatisfechos con su cuerpo.
La insatisfacción con el propio cuerpo predispone a padecer un trastorno del comportamiento alimentario.
La insatisfacción con el propio cuerpo puede aparecer a edades muy precoces. Se ha encontrado que con tan solo 7 y 8 años ya existe cierta preocupación por la propia imagen corporal y que algunos niños a estas edades ya tienen conductas y actitudes alimentarias problemáticas.
Un 11% de la población femenina joven española vomita, abusa de laxantes y diuréticos, restringe su alimentación o consume pastillas para adelgazar con el fin de obtener el cuerpo deseado.
En España alrededor del 60% de la población reconoce que ha llevado a cabo una dieta adelgazante alguna vez para perder peso. Cuando uno no se siente a gusto con el propio cuerpo e inicia una dieta restrictiva sin control médico, puede estar abriendo la puerta a un trastorno del comportamiento alimentario. El seguimiento de dietas es la conducta alimentaria restrictiva que con mayor frecuencia se realiza, siendo generalmente elogiada por el entorno social.
Tomates verdes fritos. En esta otra película podemos ver cómo una persona se enfrenta adecuadamente a su problema de obesidad.
El sábado 12 de Septiembre, La Contra de la Vanguardia tuvo a bien hacerme una entrevista. Después de 3 horas que duraron las preguntas, el periodista Victor M. Amela, extrajo lo que él considero más importante. A mi entender el resultado ha sido muy realista y directo. Aunque algunas personas la han encontrado dura, demasiado directa.
La opinión es vuestra:
Jordi Carballido, psicólogo especialista en obesidad
"El obeso es un adicto, es un enfermo que está matándose"
VÍCTOR-M. AMELA - 12/09/2009
Tengo 54 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy psicólogo, terapeuta familiar y jefe de la unidad de obesidad . Estoy casado y tengo tres hijos. Creo en el Estado de bienestar. Soy creyente. La obesidad es una enfermedad por una indebida relación con la comida
Estamos gordos?
La obesidad es la epidemia del siglo XXI. Y no es cuestión de kilos...
¿De qué, pues?
De una relación patológica con la comida. De una relación adictiva.
¿La comida como droga?
Sí. La comida como consuelo de vacíos, carencias, frustraciones. El obeso es un enfermo, un adicto a comer. El obeso come para aniquilarse: está matándose.
¿El obeso quiere matarse?
Un obeso vive de quince a veinte años menos que alguien en su peso. A más obesidad, más riesgo de enfermedades y morbilidad.
Pero hay obesidades de nacimiento...
No. Hay personas con la tendencia innata a desplegar conductas compulsivas, extremas, y si alguien así crece en un entorno comilón... sí será obeso fácilmente.
O sea: el obeso se hace.
Sí. Por eso hay que desterrar ya lo de "qué niño tan rollizo, qué guapo" o lo de "que no quede nada en el plato".
¡Cuánto lo hemos oído!
Es la madre que fuerza a su niñita pequeña a comer más... y un buen día le suelta lo de "niña, estás gorda: tendrás que hacer dieta".
El mal ya está hecho.
Sí. Esa niña es candidata a mujer obesa: ha entrado en el ciclo de las dietas, que llevan al cuerpo a engordar más y más...
¿Las dietas no adelgazan?
¡Las dietas engordan!
¿Sí?
Puedes perder unos kilos en poco tiempo, pero esa pérdida no se consolida: la homeostasis corporal tiende a recuperar esos kilos... ¡más unos kilos de propina! A la siguiente dieta, el proceso va a repetirse.
Cada septiembre muchas personas se proponen una dieta...
El 98% de los que hoy empiezan una dieta por su cuenta pesarán más en un año.
¡Toma! ¿Qué deberían hacer, pues?
Acudir a especialistas para reaprender a comer, aprender a relacionarse correctamente con la comida. Al alcohólico y al fumador les quitamos alcohol y tabaco para siempre, pero al obeso no podemos quitarle la comida para siempre: ¡debe disciplinarse para comer correctamente el resto de su vida!
¿Cómo?
Un uso temporal de balón gástrico ayuda a reaprender. Pero luego el paciente deberá ser cuidadoso con la comida. ¡Ni siquiera la reducción de estómago garantiza el éxito!: un obeso será obeso toda su vida, aunque esté en el peso correcto. Deberá cuidarse.
¿Comiendo qué?
De todo. De todo un poco, y de nada mucho.
Y haciendo ejercicio, supongo.
Como dice el cardiólogo Valentí Fuster, camina diariamente 45 minutos a paso vivo y alargarás 10 años tu vida.
¿Cuál es el caso de obesidad más extremo que ha tratado?
He tratado a personas con 175 kilos, con 200 kilos... Una perdió 100 kilos.
¿Cómo llega alguien a pesar tanto?
Mediante ciclos de atracones y dietas. A partir de los 120 kilos, dejas de pesarte: tienes la ilusión de que ya no engordarás más...
¿Qué es exactamente un atracón?
Episodios de comer sin tasa: más comes, más hambre sientes. Y sigues comiendo, hasta caer derrengado o quedar dormido.
Cuénteme algún caso.
Una señora vertía una botella de dos litros de Coca-Cola (¡light!) en un bol de centro de mesa, le añadía azúcar, volcaba un kilo de patatas chips y con una cuchara engullía ese mejunje, sentada ante el televisor. Mientras lo hacía, lloraba.
Qué estampa...
Padeces una disociación. Luego te sientes culpable. Pero recaes. Una chica se apostaba detrás de una pastelería para recoger los restos de los contenedores, y hasta se prostituía para comprar comida.
Buf...
Una mujer joven dejaba a su hija con la abuela y se encerraba en la cocina para comer siete huevos fritos con pan. Otra ponía jabón a los restos de comida que tiraba.
¿Jabón? ¿Para qué?
Para no rescatarlos de la basura y comérselos. Hasta que empezó a pasarles agua para quitarles el jabón y comérselos.
Sí, es una enfermedad...
La obesidad es una enfermedad... y un colosal negocio basado en la mentira. Dietas milagro, fármacos...: la mayoría se venden en internet, fabricados en Siria en condiciones infames. Pero la gente paga por los atajos engañosos: prefiere engañarse a curarse.
¿Cuáles son las dietas milagro más frecuentadas?
Dietas disociadas, dieta del jarabe de salvia, dieta de la sopa de cebolla... Modalidades de ayuno temporal ¡que luego te devolverán más kilos! Es aún peor si se usan cócteles de anfetamina-tiroides: queman la tiroides. El 30% de mis pacientes obesos llegan con la tiroides dañada...
Se han sometido a esa dieta...
Muchos obesos adultos pueden haber probado hasta 300 dietas, repetidas y distintas... ¡Son museos vivientes de dietas!
Además de frecuentar dietas, ¿qué otras conductas delatan un problema?
Comer deprisa hasta sentirse lleno, pesarse a menudo, comer para aliviar angustias, comer a escondidas, aplazar citas hasta haber perdido peso, pensar insistentemente en comida... Si vieras que haces un par de estas cosas, estás enfermo: ¡corre a tratarte!
El libro está disponible en las principales librerías de toda España.
Aprovechamos este espacio para hacer una edición especial que tiene como objetivo ser solidarios con la ONG Avismón, una entidad que atiende y ayuda a las personas de la tercera edad sin recursos económicos:
Tanto Editorial Amat Editorial como yo, dedicamos todos los beneficios a esta ONG.
AHORA TIENES LA FACILIDAD DE RECIBIRLO EN CASA SIN COSTES DE ENVÍO,
SÓLO TIENES QUE HACER UN PEDIDO DE 2 LIBROS Y UN INGRESO O UNA TRANSFERENCIA A LA SIGUIENTE CUENTA: JORDI / AVISMON
LA CAIXA 2100 3405 96 2200067972, INDICANDO TU NOMBRE.
(Recomendado). Directamente a la ONG. Avismón-Catalunya
Barcelona, Jocs Florals 59 bj
LLIBRERIA ANNA Barcelona, Avenir, 71 (Sábados y Domingos tienen abierto hasta las 14 horas)
M.C.D. Barcelona, Sants 308 y también en Canalejas, 89
FRAGMENTO DEL PRIMER CAPÍTULO
Siempre había entendido la palabra reunión como un momento en el que las personas se sientan alrededor de una mesa para debatir un asunto con la finalidad de avanzar en alguna dirección positiva. Cuando los jefes te llaman para comunicarte una decisión irrevocable que han tomado acerca de tu futuro, ¿qué sentido tiene llamar a eso una reunión? Tendrían que llamarlo una sentencia. Te hacen sentar y te dicen: «Señorita, la dirección ha decidido trasladarla al almacén. Esperamos que esta decisión sea provisional, como máximo 6 meses, y sería muy deseable que antes de finalizar este período pudiera reincorporarse al puesto que ha desempeñado en estos últimos años». Es una manera suave y sutil de decirte: «Señorita, ha engordado tanto que no puede estar de cara a un público que viene a comprar unas prendas de tallas normales. Si adelgaza, la sacamos del almacén; en caso contrario, la despediremos porque no estamos dispuestos a pagarle un sueldo de dependienta mientras está haciendo un trabajo de aprendiz».
Salí de la reunión encendida, con un estado mental programado para hacer exactamente lo contrario de lo que la sensatez me estaba pidiendo. ¿Cuántas veces me había sucedido que cuando un desconocido, en la calle, pasa y te llama «gorda», de la rabia que te enciende entras en la primera panadería y te compras una pasta? Cientos de veces. Esta fue una más; entré en la tiendecita del vestíbulo del metro y me compré una bolsa de maíz frito, de las que suelen comprar los chavales jóvenes. La necesitaba «para calmar el estómago». No solamente no lo conseguí, sino que se me disparó la compulsión, la necesidad de seguir comiendo sin parar, con la esperanza de que cuando tuviera el estómago lleno se tranquilizaría y yo podría serenarme. Pero la intranquilidad crece a medida que pasa el tiempo y comes más; cuanto más comes, más hambre tienes. La expresión física de esta intranquilidad es como una corriente eléctrica que te recorre permanentemente el estómago.